
Durante los próximos años habrá mejoras importantes en los modelos. Razonarán mejor, utilizarán más herramientas, ejecutarán tareas más largas,....
Pero ya estamos en otro momento en el que el principal límite ya no sea la capacidad del modelo, sino la calidad del contexto disponible. Un buen agente trabajando con información incompleta puede producir decisiones mediocres. Un agente menos potente, pero que conozca perfectamente la situación, puede tomar decisiones mucho mejores.
Y una parte enorme de la información realmente importante está en las conversaciones entre personas, en una decisión tomada durante una llamada, en una frase pronunciada al terminar una reunión, en la experiencia acumulada de alguien que lleva diez años trabajando con un cliente, en un proveedor que oficialmente sigue homologado pero que nadie quiere volver a utilizar o en un proyecto que aparentemente continúa activo aunque internamente todo el mundo sepa que ha dejado de ser prioritario.
A toda esa capa de información podemos llamarla Contexto Vivo. El Contexto Vivo es el conjunto de conocimiento, decisiones, percepciones, prioridades, experiencias, incluso opiniones que existen alrededor de una actividad, pero que todavía no han sido convertidas en información disponible para el sistema.
Esa información es la realidad cotidiana en la que funciona una persona o una organización y, para los agentes de inteligencia artificial, puede convertirse en la diferencia entre producir respuestas técnicamente correctas y producir resultados realmente útiles.
El problema de trabajar únicamente con la verdad documental
Durante años hemos tratado el contexto personal y empresarial como si fuera equivalente a la información disponible en los sistemas de la empresa: documentos, bases de datos, CRM, ERP, correos electrónicos, procedimientos, tickets, informes, actas o cuadros de mando.
Imaginemos que una empresa dispone de un agente conectado a su CRM, su ERP, su gestor documental y su sistema de proyectos. Desde un punto de vista técnico, el agente parece disponer de muchísimo contexto. Puede saber qué clientes existen, qué contratos tienen, cuáles son sus ventas, qué proyectos están abiertos, qué tareas están pendientes y qué documentación se ha generado. Sin embargo, puede seguir ignorando algo esencial: quizá uno de esos clientes acaba de convertirse informalmente en prioritario porque existe una oportunidad estratégica; quizá un determinado proveedor sigue apareciendo como preferente en el ERP, pero varios departamentos han decidido dejar de trabajar con él después de una mala experiencia; quizá un proyecto figura como activo, aunque en la última reunión de dirección se haya decidido reducir progresivamente los recursos destinados a él; quizá una persona solicita un informe para dentro de una semana, pero existe una reunión decisiva mañana y realmente necesita disponer de una primera versión esa misma tarde.
La información formal puede ser correcta y, al mismo tiempo, estar incompleta. Un agente que solo consulte la documentación oficial trabajará sobre una representación parcial de la realidad. Este problema se volverá cada vez más importante a medida que los agentes dejen de limitarse a responder preguntas y empiecen a tomar decisiones, coordinar trabajos y ejecutar tareas. Cuanto mayor sea su autonomía, más peligroso será no disponer del "Contexto Vivo" y limitarse a la información documental.
El Contexto Vivo no está en un único lugar
Una de sus características más importantes es precisamente su dispersión. El Contexto Vivo aparece continuamente en llamadas comerciales, en reuniones internas, en notas personales, en correos electrónicos, en mensajes de voz y en decisiones rápidas tomadas entre dos personas. También está en elementos mucho más difíciles de registrar: saber que determinado responsable prefiere recibir tres opciones antes de tomar una decisión, que un cliente aparentemente pequeño tiene una enorme importancia estratégica, que un determinado proyecto genera resistencia interna, que una solución técnicamente válida ya se intentó hace un año y produjo problemas o que cierta decisión requiere consultar previamente a una persona aunque ningún procedimiento lo indique.
Nada de esto suele estar convenientemente documentado y, sin embargo, los humanos utilizamos continuamente este tipo de información cuando trabajamos. Un buen profesional no actúa exclusivamente leyendo procedimientos y bases de datos. Interpreta el entorno, recuerda experiencias anteriores, conoce a las personas y entiende lo que está ocurriendo alrededor. Si queremos agentes realmente competentes, tendrán que hacer algo parecido.
De la instrucción literal a la intención real
El Contexto Vivo también permite resolver uno de los problemas más interesantes de la interacción con inteligencia artificial: la distancia entre lo que una persona pide y lo que realmente necesita. Los humanos rara vez formulamos instrucciones perfectas. Podemos decir “prepárame un análisis de este proveedor”, pero detrás de esa petición pueden existir muchas intenciones diferentes. Quizá estamos pensando en renovar un contrato, quizá hemos tenido problemas recientes, quizá necesitamos argumentos para una negociación, quizá queremos sustituirlo o quizá mañana tenemos una reunión con su director comercial. La instrucción es prácticamente idéntica, pero la respuesta adecuada puede ser completamente diferente.
Los modelos actuales son muy buenos interpretando lenguaje, pero ningún modelo puede deducir correctamente toda esa intención si no dispone del contexto que la rodea. Por eso, en los sistemas agénticos, el problema no será únicamente construir mejores prompts. Será construir mejores mecanismos para proporcionar contexto. Un agente no necesita saber solamente qué se le ha pedido, sino también por qué se le pide, quién lo pide, qué ha ocurrido antes y qué consecuencias puede tener su respuesta.
El estado de la organización también importa
Hay además una dimensión todavía más sutil. Las organizaciones tienen algo parecido a un estado. Existen momentos de expansión, momentos de tensión, momentos de incertidumbre, proyectos especialmente sensibles y prioridades que cambian rápidamente. Nada de esto suele aparecer como una variable dentro de un sistema informático y, sin embargo, condiciona constantemente las decisiones. Una propuesta puede ser perfectamente razonable en un momento determinado y resultar completamente inoportuna unas semanas después. Un agente que conozca únicamente los datos puede tener dificultades para percibir estas diferencias, mientras que un agente con acceso al Contexto Vivo puede entender mejor no solo qué está ocurriendo, sino también en qué situación está ocurriendo.
Esto afecta igualmente a la forma en que debe relacionarse con las personas. Saber quién solicita una tarea, cuál es su nivel de responsabilidad, qué grado de detalle suele necesitar, cuál es su tolerancia al riesgo o qué tipo de alternativas prefiere puede modificar por completo la respuesta adecuada. No se trata de construir perfiles psicológicos exhaustivos, sino de comprender que el contexto humano forma parte del contexto operativo.
Un contexto que cambia y envejece
Existe otra diferencia importante respecto al conocimiento tradicional: el Contexto Vivo tiene una fuerte dimensión temporal. Una política formal puede mantenerse durante años, pero una prioridad puede cambiar esta mañana; una opinión sobre un proveedor puede modificarse después de una llamada; un proyecto puede pasar de estratégico a secundario en una reunión de veinte minutos. Por eso no basta con almacenar contexto. También necesitamos comprender su vigencia.
Una decisión tomada hace seis meses no tiene necesariamente el mismo peso que una conversación de ayer. Una preferencia personal puede mantenerse durante años, mientras que una situación operativa puede durar apenas unas horas. Los futuros sistemas de contexto tendrán que aprender no solo a recordar, sino también a envejecer la información, distinguiendo entre lo estructural y lo circunstancial, entre una regla y una excepción, entre una decisión permanente y una prioridad temporal. De lo contrario, el problema no será la falta de contexto, sino la acumulación de contexto obsoleto.
Capturar no significa registrar absolutamente todo
Llegados a este punto podría parecer que la solución consiste simplemente en almacenar todas las conversaciones, todas las reuniones y todas las interacciones de una organización. Probablemente sería un error. El problema no es únicamente capturar información, sino identificar qué fragmentos de esa información merecen convertirse en contexto reutilizable. Una conversación de una hora puede contener dos minutos realmente importantes; una reunión puede producir una única decisión relevante; una cadena de mensajes puede revelar una nueva prioridad.
Un agente dedicado a construir Contexto Vivo podría precisamente encargarse de detectar estas señales. No tendría como objetivo archivar todo, sino identificar aquello que puede cambiar futuras decisiones. Por ejemplo: “este cliente pasa a considerarse estratégico durante los próximos seis meses”, “evitar utilizar este proveedor hasta nueva revisión”, “en propuestas para dirección, presentar siempre una recomendación y dos alternativas” o “este enfoque ya se probó el año pasado y fue descartado por problemas de mantenimiento”. Ese tipo de información tiene un enorme valor para futuros agentes porque modifica su manera de interpretar y ejecutar nuevas tareas.
De memoria empresarial a contexto operativo
Durante años muchas empresas han intentado construir sistemas de gestión del conocimiento mediante wikis internas, gestores documentales, bases de conocimiento o repositorios corporativos. El problema es que estos sistemas suelen depender de que alguien transforme activamente la experiencia en documentación, y eso ocurre mucho menos de lo que imaginamos.
El Contexto Vivo propone algo diferente: no esperar a que toda la realidad empresarial termine convertida en documentos, sino permitir que los sistemas de inteligencia artificial aprendan también de las señales que produce naturalmente el trabajo cotidiano. Una conversación, una reunión, una nota, una decisión, una excepción, una preferencia o una experiencia pueden convertirse en piezas de contexto si tienen relevancia suficiente. El objetivo ya no sería simplemente almacenar conocimiento, sino mantener una representación suficientemente actualizada de la realidad en la que están trabajando las personas.
La empresa que pueda conservar su Contexto Vivo tendrá una ventaja
Existe además una consecuencia estratégica. Cuando una persona abandona una empresa, no se marcha únicamente su conocimiento técnico. Se marcha una parte de su contexto: por qué se tomaron determinadas decisiones, qué alternativas se descartaron, qué relaciones son especialmente delicadas, qué excepciones existen, qué proyectos tienen verdaderamente importancia o qué errores ya se cometieron. Gran parte de esa información desaparece porque nunca llegó a convertirse en datos.
Los sistemas capaces de conservar Contexto Vivo podrían reducir enormemente esa pérdida, no sustituyendo la experiencia humana, sino haciendo que una parte mayor de esa experiencia pueda permanecer disponible para quienes continúan trabajando, sean personas o agentes. Con el tiempo, esto puede convertirse en una nueva forma de memoria empresarial mucho más próxima al funcionamiento real de una organización que los tradicionales repositorios documentales.
Una nueva infraestructura para los agentes
Durante décadas las empresas han construido infraestructura para almacenar datos. Después construyeron infraestructura para almacenar documentos. Ahora probablemente tendrán que construir infraestructura para mantener contexto. Eso implica identificar decisiones, reconocer preferencias, detectar cambios de prioridad, mantener memoria temporal y establecer mecanismos para determinar qué información sigue siendo válida.
También implica resolver cuestiones importantes de privacidad, acceso y gobernanza. No todas las personas deben conocer todo y, por tanto, tampoco todos los agentes deben acceder a todo el contexto. El Contexto Vivo tendrá que respetar los mismos límites legales, humanos y de responsabilidad que existen en el mundo real.
Aun con estas dificultades, resulta difícil imaginar agentes realmente autónomos sin resolver previamente este problema. Porque trabajar no consiste únicamente en conocer datos. Consiste en conocer la situación. Y esa situación rara vez está completamente escrita.
El Contexto Vivo es precisamente todo aquello que permite comprenderla.